Crítica a la educación venezolana (I).

hugo_chavezSiempre he visto con malos ojos el sistema educativo de mi país. Desde que estoy en el más bajo de los niveles he observado cierto aire casual. Es claro que en preescolar, ni yo ni otros niños lográbamos ser objetivos ni mucho menos críticos pero con el pasar del tiempo, como es natural (y más si lo deseas), obtienes esa habilidad. Estudié la primaria en una escuela pública de una comunidad bastante humilde donde llegué a ver cosas a las cuales no estaba acostumbrado. Niños que se desmayaban antes de entrar a un aula por desnutrición era lo más común.

En una ocasión mi profesora de cuarto grado tomó a varios de los alumnos con alto desempeño académico y los volvió “tutores” entre los alumnos menos eficientes del curso. Entre esos tutores estaba yo y me sentía bien. Era un cumplido a mi joven e inocente intelectualidad. Esa satisfacción acabó cuando la mamá de una de las niñas con menor desempeño llegó al aula y con indetenible cólera y gran indignación insultó a la profesora en frente de todos por el insulto que representaba aquella estrategia de aprendizaje.

Ya en el liceo me encontré con una educación impresionantemente superficial. Empezábamos a ver material de importancia y los mismos docentes dejaban claro lo inútil que era la física o la química en nuestras vidas adultas. Todo era como una enseñanza sincera y contraproducente. Las ocasiones de pruebas se volvían un festival de artimañas para copiarse los unos de los otros y, al final del día, nadie aprendía nada. Pero en mi mente estaba convencida que la verdadera enseñanza, aquella que me serviría para tener utilidad entre mis semejantes dentro de la sociedad, la que me ayudaría a transformar mis conocimientos en dinero, sería durante la universidad.

Llega el último año del liceo y todos empiezan a elegir universidades, o al menos aspirar el quedar en ellas. Yo quede en una universidad pública para estudiar Economía pero por múltiples y graves problemas personales, no pude asistir jamás. Muchos de mis amigos fueron a populares universidades públicas como lo son la Universidad de Carabobo, la Universidad Simon Bolívar y la Central, las cuales gozan de muy buena reputación. Otros fueron a universidades privadas más cercanas. Y otros, como yo, terminamos en tecnológicos, estudios de tres años.

Un poco resignado y sin alguna otra opción atractiva, entro en el tecnologico en la carrera de Administración de Aduanas y me encuentro de frente con la realidad. Conozco que los niveles intelectuales para optar por un título universitario son tan bajos que daría vergüenza dejarlos en evidencia frente a otros sistemas. En conclusión, las materias las pasaba cualquiera y con el pasar del tiempo justo, se graduaba cualquiera. De esa misma manera pasaron tres años y egresado de allí con mi titulo, egresaron muchos a los que el máximo esfuerzo que realizaron fue el de asistir a la institución y no siempre a diario.

Ahora digo lo que siempre he dicho sin vergüenza. Se lo que se sobre la carrera que cursé gracias a mi curiosidad y mi capacidad autodidacta, porque si dependiera de los muchos profesores que tuve, no supiera nada. Y lo digo por haber recibido la educación más mediocre que jamás pude haber imaginado, siquiera siendo pesimista. Vi como muchos pagaban a los profesores para pasar materias que no tenían el menor grado de complejidad o dificultad. Los temas se trataban con el aire más casual y se adversaba la posición intelectual. Todas estas experiencias me hacen ver a los demás sistemas de educación presentes en mi país y concluir en lo que hubiera sido mejor para mi crecimiento académico. Pues no demasiado.

Debo resaltar la realidad de las universidades públicas de gran renombre. Son excelentes. Realmente exigentes y lograr crear una inmersión académica de altura. Pero claro, el más aplicado tardaría muchos semestres más de los debidos para lograrse graduar. Y todo gracias a unas tendencias que ya se volvieron tradición de estas casas de estudio: huelgas y protestas. Mis muchos amigos que estudian en estas universidades parecen vivir en un eterno y complejo conflicto en contra del gobierno que cada día se agrava. Si no son ellos los que protestan porque el crimen abunda dentro de las instituciones, son los profesores por los terribles tratos salariales. Si no son los directivos por razones que parecen aún más absurdas.

En Venezuela estudiar es toda una aventura. Con todas las sorpresas y momentos de peligro includos. Y al final de dicha aventura, no hay recompensa garantizada.

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